BibliografíaEl mejor bálsamo para rebajar la tensión después de una semana tormentosa, con algún que otro exceso verbal que no venía a cuento, no es otro que ganar los tres puntos en el partido inmediato. El triunfo, fuera -el primero del curso, en un campo del que el Numancia siempre había salido derrotado-, y en el último minuto después de haber ido en dos ocasiones por delante en el marcador y no tener más remedio que remontar para evitar caer en la sima de los puestos de descenso, qué duda cabe que es un buen antídoto por lo menos para afrontar el futuro inmediato puede que no con mayor tranquilidad pero sí con una confianza renovada, que buena falta hace.
Así es que el intervalo entre domingo y domingo lo está presidiendo la placidez y transcurre sin sobresaltos, lo que, sinceramente, es de agradecer, porque nos permite a quienes cada semana cumplimos con el sagrado deber de cubrir este rincón del periódico ocuparnos de otros asuntos para nada relacionados con la actualidad deportiva como tal pero sí con la entidad que la sustenta.
Es costumbre -acentuada estos últimos tiempos en que se cuidan bastantes más los detalles, aunque a veces se produzcan omisiones- que previamente al comienzo de los partidos que el Numancia disputa en su estadio se anuncie por megafonía el fallecimiento de un ex jugador, ex directivo o el que sea y, en consecuencia, que en su memoria se le va a recordar guardando un minuto de silencio.
Estos últimos días -la semana pasada- han muerto dos aficionados del Numancia de toda la vida, Antonio Lapuerta y Arsenio Sanz de Velasco. Ambos tuvieron responsabilidades directivas en el Club, en etapas diferentes, y, en el caso del segundo, fue además jugador al comienzo de los años treinta. La circunstancia, con toda seguridad, no habrá pasado desapercibida y este domingo, antes de que arranque el partido frente al Atlético de Madrid, se tendrá un recuerdo para ellos.
Pero además de lamentar su ausencia, con ellos se ha ido también la memoria de viva de quienes tuvieron información de primera mano del día a día de la entidad, lo cual nos priva obviamente conocer la intrahistoria de un periodo que no está escrito. Una historia, la del club, que habrá que redactar algún día por más que en los últimos tiempos se haya incrementado la no muy abundante bibliografía existente con nuevas aportaciones que si bien han venido a enriquecer el fondo editorial no han servido, por el contrario, para completar la globalidad de los sesenta y tres años transcurridos desde la refundación en 1945.
Joaquín Alcalde Rodríguez. Diario de Soria-El Mundo. 20 noviembre 2008